« Poschechina obschestvennomu vkusu | Principal | Mi psicoanalista está triste »


Elefante treinta y uno

No quiere abrir los ojos. Está lleno de moratones. Heridas en codos y rodillas. Pero nada. No quiere. Al principio pensábamos que tenía miedo de algo. Tranquilo mamá está aquí, no te pasará nada. No tengo miedo, decía. Se chocaba con mesas y sillas. Aún lo hace, pero menos. Probamos con psicólogos. Está bien chico, le decían, entiendo que la decadencia de este mundo te haga esconderte, pero hay cosas que merecen la pena ahí fuera. Él se reía. No me escondo. Para unos era un claro caso de. Otros dijeron que ni hablar. Un amigo leyó en internet que. Él lo negaba todo con una sonrisa de indiferencia. Llegamos a ponernos realmente nerviosos. Claro que no me justifico pero. Lo cogíamos por la cara y levantábamos sus párpados a la fuerza. No oponía resistencia. Cuando le soltábamos volvía a cerrarlos. He llorado mucho. Con el tiempo hemos llegado a acostumbrarnos. Le hemos dicho a nuestros amigos que se ha quedado ciego. Yo le escribo las cartas, él siempre tiene una sonrisa para mí. No quiere abrir los ojos. Sólo quiero que sea feliz.


Sirag.


¡Magnífico texto! ¡Este me ha encantado!

Posted by: TED está emocionado en: 3 de Noviembre 2006 a las 03:16 AM

¿Qué más da abrir o no los ojos si la mayor parte del tiempo estamos todos ciegos? Se preguntaba él mientras su madre le secaba las lágrimas...
Ver, perder el miedo y ser feliz.En efecto, pero no necesariamente en este orden.

Posted by: Diana en: 3 de Noviembre 2006 a las 10:57 AM

Con los ojos cerrados, a lo mejor no puede ver, pero puede mirar. No es necesaria la vista para mirar.

Posted by: Flor de Ceniza en: 12 de Noviembre 2006 a las 09:30 PM Escribe un comentario









¿Recordar información personal?