llegas a casa cansada
después de un duro día de trabajo
te he hecho la cena
pero
no tienes hambre
si al menos fueras sólo mía
si tuviera el mínimo consuelo
de la exclusividad de mi desgracia
no tendría que lavar los platos
y mendigarte una sonrisa
te beberías mis tobillos
triturados
en un vaso de plástico
yo desde el suelo aplaudiría
y reiría
me abrazarías mientras pierdo el conocimiento